“La Historieta no es como el Cine”

¿actuamos como caballeros?

Comics are not like film. Comics take things from film, but the two cannot be interchanged. Comics became a hybrid artform. They take things from cartoons, illustration, prose, theatre, film, music, t-shirts, posters, journalism and a dozen other things. Imagine putting twenty different animals in a blender and that the resulting horror emerged somehow alive, shrieking and wearing Star Wars underpants three sizes too small. That’s comics.”

— Warren Ellis

“La Historieta no es como el Cine. La Historieta toma prestados elementos del Cine, pero ambos medios no pueden intercambiarse. La Historieta es una forma de arte híbrida. Toma elementos de la animación, la ilustración, la prosa, el teatro, el cine, la música, las playeras, los posters, el periodismo y una docena de otras cosas. Imagina meter veinte animales diferentes en una licuadora y que el horror resultante emergiera, de alguna manera, con vida y vistiendo tan solo unos calzoncillos de Star Wars tres tallas más pequeñas. Eso es la Historieta.”

— Warren Ellis

Del olvido…

Oblivium

Entré como un sonámbulo en Estambul, la ciudad en la que había nacido y crecido, tras doce años de ausencia. Dicen que a los agonizantes les llama la tierra, a mí me llamaba la muerte. Al principio creí que en la ciudad solo había muerte, luego me encontré con el amor. Pero por aquel entonces, mientras entraba en la ciudad, el amor era algo tan olvidado y lejano como mis recuerdos de ella. Doce años atrás, en Estambul, me había enamorado de mi prima, aún una niña.

Apenas cuatro años después de abandonar Estambul, mientras erraba por las infinitas estepas del país de los persas, por sus montañas nevadas y sus tristes ciudades llevando cartas y recaudando impuestos, me di cuenta de que iba olvidando lentamente el rostro de la amada niña que se había quedado atrás. Inquieto, me esforcé por recordarlo pero comprendí que el ser humano acaba por olvidar una cara que nunca ve por muy querida que le sea. En el sexto año de los que pasé en el este viajando o ejerciendo de secretario al servicio de los bajás, ya sabía que la cara que me representaba en mi imaginación no era la de mi amada en Estambul. Sé que en el octavo año volví a olvidar el rostro que había recordado de manera errónea en el sexto y que volví a recordarlo como algo por completo distinto. Así pues, cuando regresé a mi ciudad doce años después, ya con treinta y cinco cumplidos, era amargamente consciente de que hacía mucho que había olvidado la cara de mi amada.

Me Llamo Rojo – Orhan Pamuk


Demetrio durmió mal, y muy temprano se echó fuera de la casa.

“A mí me va a suceder algo”, pensó.

Era un amanecer silencioso y de discreta alegría. Un tordo piaba tímidamente en el fresno; los animales removían las basuras del rastrojo en el corral; gruñía el cerdo su somnolencia. Asomó el tinte anaranjado del sol, y la última estrellita se apagó.

Demetrio, paso a paso, iba al campamento.

Pensaba en su yunta: dos bueyes prietos, nuevecitos, de dos años de trabajo apenas, en sus dos fanegas de labor bien abonadas. La fisonomía de su joven esposa se reprodujo fielmente en su memoria: aquellas líneas dulces y de infinita mansedumbre para el marido, de indomables energías y altivez para el extraño. Pero cuando pretendió reconstruir la imagen de su hijo, fueron vanos todos sus esfuerzos; lo había olvidado.

Los de Abajo – Mariano Azuela