La Hija de la Lágrima

Uno de mis primeros trabajos formales fue ser empleado en una tienda de música, un trabajo que recuerdo como un período de crecimiento y madurez en relación a los sonidos que me rodeaban. La música sonaba en casa desde mucho antes de que yo naciera pero, desde mi perspectiva, de una forma un tanto limitada; mi madre, mis abuelas y el resto de la familia no exploraban más allá de lo que ya conocían. Así que fue una fortuna trabajar con mis compañeros pues a cada uno le gustaba una serie de géneros y artistas muy distintos, lo que me dio la oportunidad de conocer y escuchar un montón de material desconocido para mí.

Entre esos compañeros se encontraba el buen Paco. Fue él quien me mostró una serie de artistas latinoamericanos y españoles fuera de la esfera de Folklore y Canto Nuevo que hasta ese momento representaba la esquina donde me refugiaba. Pop, Rock, Avant Garde y otras quimeras entre las que se encuentran muchas cosas que sigo escuchando, fueron el punto de partida para la sed que me invadió después, cualquier excusa era (y sigue siendo) buena para buscar y conocer más música.

En esa primera oleada de mp3 y discos que Paco me prestó se encontraban algunas canciones de Charly García y me gustaron lo suficiente como para comprar el material que acababa de salir y llegar a la tienda: Influencia. Es un disco al que aún le tengo apreció pues fue lo primero que escuché de este artista, pero es La Hija de la Lágrima el disco al que vuelvo seguido.

Algo hay entre los pliegues de esas canciones que me habla y es por eso que puedo acostarme con los ojos cerrados y los audífonos puestos para dejarme llevar por una hora y ocho minutos sin pensar en nada más que en la música y las letras de Charly García.

Charly no tenía una idea muy clara de lo que quería grabar, por lo que tocaba lo que se le venía a la mente. Más adelante continuaría con estos conceptos. Overture abre el disco, donde Charly toca capas y capas de sintetizadores hasta que comienza Víctima, un intento por explicar el inexplicable desarrollo del concepto del disco.
Chipi Chipi iba a llamarse Canción sin fin, sin embargo a la hora de mandar el arte de tapa del disco, el descuidado encargado de hacerlo envió el borrador en lugar del material terminado, por lo que solo aparecían títulos preliminares y algunos nombres absurdos para las canciones. Finalmente, Charly aceptó que el tema se llamara como es conocido desde entonces. Chipi Chipi fue escrita en diez minutos, después de que un ejecutivo de Sony Music de apellido Escalas se quejara de que al disco le faltaba un tema comercial.
Kurosawa es un tema dedicado al fotógrafo y amigo de Charly, Alejandro Kuropatwa. El álbum está inspirado también por películas como Los Sueños de Akira Kurosawa (1990) y 2001: Odisea del espacio (1968), de Stanley Kubrick.

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