Eski Köprünün Altında

Duman
Foto por İyte Iztech en Flickr.

Hace años, después de leer algunos libros de Orhan Pamuk, me entró una repentina necesidad de conocer más sobre Turquía, así que abrí el navegador y me puse a buscar detalles sobre la historia y el arte producido en aquel país. Entre esas búsquedas llegué a Duman… sin saber muy bien como. Y es que estoy hablando de un tiempo donde algo como Spotify no estaba siquiera contemplado y donde no existía la traducción automática de páginas, tan solo rudimentarios intentos inglés-español con el método cortar y pegar; así que me la pasaba dando tumbos y clickeando sin saber bien que cosas en sitios de música turca en donde pude descargar algunos mp3 de malísima calidad. Después pude descargar otros tracks por medio de Goear (una página de descargas largamente extinta que pasaba por encima de cualquier clase de legislación sobre copyright) y el primer álbum completo del grupo gracias a redes p2p, el mismo álbum que he insertado en esta entrada.

Soy de esas personas para las que la música esta ligada a los recuerdos y ahora que vuelvo a escuchar estas canciones me llegan las imágenes de estar trabajando frente a la Cintiq en el color de las últimas páginas para Moonstone (The Heap) y las primeras para Marvel (Rawhide Kid) junto a los compañeros de Graphikslava.

Por cierto, el año pasado compartí el primer álbum en solitario de Ari Barokas, el bajista de la banda. Se trata de un material que me sorprendió, al que he vuelto muchas (muchas) veces y que pueden escuchar por acá.

A comienzos de la década de los 90’s, Kaan Tangöz vivía en la ciudad estadounidense de Seattle, fue allí donde compuso su primer canción para el grupo de rock turco que formaría en el futuro. Cuando regresó a Turquía, conoció a Batuhan Mutlugil y Ari Barokas, quienes formaban parte de un grupo llamado Blue Blues Band. Los tres decidieron formar una banda a la que llamaron Duman (que en turco significa “humo”).

Wikipedia

Sketchbook 6

Chupasangre, circa 1867.

Los cambios en el sistema de Facebook (derivados de los problemas de seguridad que tuvo hace meses) han traído como consecuencia la imposibilidad de compartir las anotaciones de este blog en el perfil personal que aún conservo dentro de esa red social, perfil que, por otro lado, he dejado abandonado. Aún así, es posible publicar desde WordPress hacia Facebook siempre y cuando se haga en una página comercial, por ejemplo, la página que tengo para difundir mi trabajo como artista… página que, ahora que lo recuerdo, también ha estado abandonada por meses.

sketchbook

¿Cómo resolver eso? Desde luego, no me parece nada práctico iniciar otro blog en fixionauta.org enfocado en temas relacionados con mi trabajo, y desde que regresé a escribir en este espacio de manera más o menos constante he preferido no enfocarme en hablar sobre mis actividades laborales. Ahora me parece que ha sido un tremendo error y la solución que he elegido es ir compartiendo de manera simultánea alguna que otra cosa de lo que aparezca por acá en Facebook.

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Plata quemada

Surgió ahí la idea de que el dinero es inocente, aunque haya sido resultado de la muerte y el crimen, no puede considerarse culpable, sino más bien neutral, un signo que sirve según el uso que cada uno le quiera dar.

Y también la idea de que la plata quemada era un ejemplo de locura asesina. Sólo los locos asesinos y bestias sin moral pueden ser tan cínicos y tan criminales como para quemar quinientos mil dólares. Ese acto (según los diarios) era peor que los crímenes que habían cometido, porque era un acto nihilista y un ejemplo de terrorismo puro.

En declaraciones a la revista Marcha, el filósofo uruguayo Washington Andrada señaló sin embargo que consideraba ese acto terrible, una especie de inocente potlatch* realizado en una sociedad que ha olvidado ese rito, un acto absoluto y gratuito en sí, un gesto de puro gasto y de puro derroche que en otras sociedades ha sido considerado un sacrificio que se ofrece a los dioses porque sólo lo más valioso merece ser sacrificado y no hay nada más valioso entre nosotros que el dinero, dijo el profesor Andrada y de inmediato fue citado por el juez.

Ricardo Piglia, Plata Quemada.

Orangután

Los primeros videos que me dejaron fascinado mientras navegaba por Vimeo hace años fueron las dos partes de Lucía, Luis y el Lobo producidos por Diluvio, la misma compañía detrás de La Casa Lobo, el largometraje que por estas fechas se encuentra en algunos cines mexicanos. Gracias a Mubi pude ver Lucía, otro largometraje en el que estuvieron implicados y que se puede ver gratis siguiendo este enlace.

Todo esto viene a cuento porque en el 2014 Diluvio y Niles Atallah realizaron el videoclip de El Ogro, single de Orangután, el segundo álbum del cantautor chileno Tomás González. Y si el trabajo de Diluvio es bueno el de Tomás no se queda atrás. Orangután es de esos álbumes que puedo estar escuchando en loop por horas al ver reflejado entre sus letras parte del mundo que me rodea, sobre todo en La Triste, Nunca Más y Llorar.

Con una decena de músicos, influencia de Salif Keïta, guitarras en loop, percusiones del nordeste brasileño, bronces y balafón -marimba de calabazas-, la música juega con el contraste: ilumina los terrenos sombríos por los que transitan los personajes. La mayoría  de ellos nacidos del impacto que le causó a González -compositor  de obras teatrales como Neva y La reunión- leer sobre los campos de concentración de Siberia en El Imperio, de Ryszard Kapuscinski. En Orangután, ese horror está presentado con metáforas animales. Por un lado, el orangután aterrorizado en la selva, testigo de su extinción. Por el otro, el ogro que empuña la escopeta, graficado como una sombra que viaja entre los hombres en el excelente video de Niles Atallah  para “El ogro”, primer single del disco.

Nicolás Alonso / Qué Pasa

Mesón Estrella

mesón estrella

La semana pasada por fin desempolvé la cámara y pude unirme a un grupo para salir a disparar al célebre Mesón Estrella, localizado en algún punto del centro de la ciudad de Monterrey. Inevitables las memorias de la niñez mientras recorría de nuevo esos espacios donde se compraba la fruta y la verdura de la semana en medio del caos de sonidos y colores. El recorrido fue organizado por la fotógrafa Ruth Rodríguez (facebook, blog) y espero que vuelva a armar algo así de nuevo.

Las fotos que elegí editar ya se encuentran en un álbum de Flickr, sin embargo no las podrán ver ya que por el momento parte de mis imágenes se encuentran marcadas como contenido para adultos pues alguien reportó mi cuenta… lo cual no tiene mucho sentido; mientras resuelvo eso, todo el contenido que suba a Flickr estará marcado automáticamente como restringido, así sean fotografías como las que acompañan esta anotación.

mesón estrella
mesón estrella
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