La Máquina Aristotélica

“El padre Emanuel dijo que disponíase precisamente a enseñar a sus visitantes su Máquina Aristotélica: y condujo a sus huéspedes a un aposento en el que se erguía el mueble más extraño del que se pueda decir; ni estoy seguro de poder reconstruir exactamente la forma por la descripción que Roberto da de él a la Señora, que sin duda tratábase de algo jamás visto ni antes ni después.

Conque estaba la base inferior formada por un cajón o alhacena en cuyo frente abríanse como en un tablero de ajedrez ochenta y una gavetas: nueve filas horizontales por nueve verticales, cada fila por sendas dimensiones caracterizada por una letra grabada (BCDEFGHIK). En la repisa de la alhacena levantábase a la izquierda un atril, sobre el que estaba posado un gran libro, manuscrito y con letras capitales de colores. A la derecha del atril había tres rodillos, de longitud decreciente y creciente amplitud (siendo el más corto el más capaz, apto para contener los dos más largos), tales que una cigüeña a un lado podía luego por inercia hacerlos girar el uno dentro del otro a velocidades diferentes según el peso. Cada rodillo llevaba grabadas en el borde izquierdo las mismas nueve letras que contramarcaban los cajones. Bastaba dar una vuelta de cigüeña para que los rodillos se movieran independientes el uno del otro, y cuando se detenían podíanse leer tríades de letras reunidas por el azar, ya fuere CBD, KFE o BGH.

El padre Emanuel dio en explicar el concepto que presidía a su Máquina.

—Como el Filósofo nos apercibió, no es otra cosa el Ingenio que una virtud de penetrar los objetos baxo diez Cathegorías, que son Substancia, Quantidad, Qualidad, Relación, Acción, Passión, Sitio, Tiempo, Lugar, & Hábito. Las substancias son el sugeto mismo de cualquier agudeza & de ellas habrá que predicar las ingeniosas Semejanzas. Quáles son las substancias, está anotado en este libro baxo la letra A, y acaso no baste ni siquiera mi vida para hacer el Elencho completo. De todos modos he reunido ya algunos Millares, sacándolas de los libros de los Poetas y de los sabios, y de ese admirable Regesto que es la Fábrica del Mundo del Alumno. Así entre las Substancias pondremos, por debajo del mismo Dios Sumo, las Divinas Personas, las Ideas, los Dioses Fabulosos, unos mayores, otros medianos & otros ínfimos, los Dioses Celestes, Aéreos, Marítimos, Terrenos & Infernales, los Héroes deificados, los Ángeles, los Demonios, los Foletos, el Cielo y las Estrellas errantes, los Signos celestes y las Constelaciones, el Zodiaco, los Círculos y las Esferas, los Elementos, los Vapores, las Exhalaciones, y otrosí, por no decirlo todo, los Fuegos Subterráneos, y las Centellas, los Metheores, los Mares, los Ríos, las Fuentes & Lagos et Escollos… Demás, las Substancias Artificiales con las obras de cada Arte, Libros, Plumas, Tinta, Globos, Compases, Esquadras, Palacios, Templos «fe Casas, Escudos, Espadas, Tambores, Quadros, Pinceles, Estatuas, Hachas & Sierras, y por fin las Substancias Metaphísicas como el Género, la Especie, el Propio y el Accidente, y semejantes Nociones.

Señalaba ahora los cajones de su mueble, y abriéndolos mostraba cómo cada uno contenía hojas cuadradas de pergamino muy grueso, del que se usa para encuadernar los libros, estibadas en orden alfabético:

—Como Vuesas Mercedes deberán de saber, cada fila vertical se refiere, de B a K, a una de las otras nueve Cathegorías, y por cada una de ellas, cada uno de los nueve caxones recoge familias de Miembros. Verbigracia, para la Quantidad se anota la familia de la Cantidad de Bulto, que como Miembros anota lo Pequeño, lo Grande, lo Largo o lo Corto; o la familia de la Quantidad Numeral, cuyos Miembros son Ninguno, Uno, Dos & c, o Muchos y Pocos. O baxo la Qualidad tendrás la familia de las qualidades pertenecientes a la Vista, como Visible, Invisible, Bello, Disforme, Claro, Obscuro; o al Olfato, como Olor Suave y Hediondo; o las qualidades de Pas—siones, como Alegría y Tristeza. Et así dígase por cada cathegoría. Et todas las hojas anotando un Miembro, de esse Miembro anoto todas las Cosas que de él dependen.”

Umberto Eco | La Isla del Día de Antes

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